Mi primer goce (estético) – Sofía Madrigal

Recuerdo con absoluta claridad la primera vez que sentí algo que, años después, supe nombrar como goce estético. No fue en un museo, ni frente a una obra de arte famosa. Fue mucho más cotidiano. Estaba sentada en el suelo de la sala, tenía quizás ocho años, y la luz de la tarde entraba por la ventana dibujando líneas doradas sobre el polvo en el aire. Todo se detuvo por un instante. El silencio, la calidez, el color… y una sensación inexplicable de belleza pura.

No entendía por qué ese momento era tan especial, pero algo en mí despertó.

La belleza que no necesita explicación

Con el tiempo descubrí que ese tipo de experiencias tienen nombre. Que no todo lo bello se puede tocar ni explicar. Que a veces basta una textura, un sonido, una escena cotidiana, para que algo dentro de ti se ilumine.
Ese fue mi primer goce estético, y desde entonces he coleccionado muchos más:

  • El olor a tierra mojada cuando llueve por primera vez.
  • El sonido de una hoja al romperse bajo el pie.
  • Las lágrimas inesperadas al ver una película que toca justo donde guardas lo más vulnerable.

El arte de aprender a mirar

No nacemos sabiendo mirar. Pero si cultivamos la atención y el asombro, empezamos a ver lo invisible: la armonía de una composición, la emoción en un trazo, la historia detrás de una forma.
He comprendido que el goce estético no es un lujo ni un capricho: es un lenguaje que nos conecta con lo más profundo de nosotros mismos.

El goce como brújula interior

Hoy me dejo guiar por eso que me conmueve. No siempre sé por qué algo me gusta, pero si me atraviesa, lo sigo. En la ropa que elijo, en los espacios que habito, en los libros que leo y hasta en las personas con las que decido compartir la vida.
El goce estético, para mí, es también una forma de resistencia: una manera de seguir creyendo que el mundo tiene sentido, aun en el caos.


🌿 Para cerrar…

Este texto no pretende enseñar nada. Solo es una invitación:
¿Recuerdas tu primer goce estético?
Quizá también fue una luz, un olor, un color o un silencio. Quizá fue tan fugaz que lo olvidaste. Pero si lo buscas, sigue ahí, esperando volver a tocarte.

Con gratitud,
Sofía Madrigal

Mariana Lopez

Mariana Lopez

Lorem ipsum dolor sit amet consectetur adipiscing elit dolor

Más artículos